lunes 17 de septiembre de 2007

Parcial

HISTORIA DOS. Profesor: Ricardo Rivadeneira. Parcial. 18 sept. 2007. 1A. Redacte un ensayo teniendo en cuenta el siguiente material referido a la lectura de Peter Burke.

Huizinga, Johan. Homo ludens. Alianza, Madrid, 1990.

Introducción a modo de prólogo

Cuando se vio claro que la designación de homo sapiens no convenía tanto a nuestra especie como se había creído en un principio porque, a fin de cuentas, no somos tan razonables corno gustaba de creer el siglo xviii en su ingenuo optimismo, se le adjuntó la de homo faber. Pero este nombre es todavía menos adecuado, porque po­dría aplicarse también a muchos animales el calificativo de faber. Ahora bien, lo que ocurre con el fabricar sucede con el jugar: muchos animales juegan. Sin embargo, me pa­rece que el nombre de homo ludens, el hombre que juega, expresa una función tan esencial como la de fabricar, y merece, por lo tanto, ocupar su lugar junto al de homo faber.

Capítulo 1. Esencia y significación del juego como fenómeno cultural

El juego es más viejo que la cultura; pues, por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar. Con toda seguridad podemos decir que la civilización humana no ha añadido ninguna característica esencial al concepto del juego. Los animales juegan, lo mismo que los hombres. Todos los rasgos fundamentales del juego se hallan presentes en el de los animales. Basta con ver jugar a unos perritos para percibir todos esos rasgos. Parecen invitarse mutuamente con una especie de actitudes y gestos ceremoniosos. Cum­plen con la regla de que no hay que morder la oreja al compañero. Aparentan como si estuvieran terriblemente en­fadados. Y, lo más importante, parecen gozar muchísimo con todo esto. Pues bien, este juego retozón de los perritos constituye una de las formas más simples del juego entre animales. Existen grados más altos y más desarrollados: auténticas competiciones y bellas demostraciones ante es­pectadores.

Podemos ya señalar un punto muy importante: el juego, en sus formas más sencillas y dentro de la vida animal, es ya algo más que un fenómeno meramente fisiológico o una reacción psíquica condicionada de modo puramente fisio­lógico. El juego, en cuanto a tal, traspasa los límites de la ocupación puramente biológica o física. Es una función llena de sentido. En el juego "entra en juego" algo que rebasa el instinto inmediato de conservación y que da un sentido a la ocupación vital. Todo juego significa algo. Si designamos al principio activo que compone la esencia del juego "espíritu", habremos dicho demasiado, pero si le llamamos "instinto", demasiado poco. Piénsese lo que se quiera, el caso es que por el hecho de albergar el juego un sentido se revela en él, en su esencia, la presencia de un elemento inmaterial.


HISTORIA DOS. Profesor: Ricardo Rivadeneira. Parcial. 18 sept. 2007. 1B. Redacte un ensayo teniendo en cuenta el siguiente material referido a la lectura de Peter Burke.

Cultura popular y alta cultura

Periódico La Nación, Buenos Aires, Domingo 5 de noviembre de 2006

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=855501

La oficina de Peter Burke es alta y luminosa. Está frente a uno de los muchos parques públicos que tiene la ciudad universitaria de Cambridge, en Inglaterra. Lo primero que se ve al entrar son los libros que se acumulan por todas partes. Ordenados en largos estantes sobre los muros, abiertos sobre el escritorio a un lado de la computadora, apilados a lo largo de la pieza, forman sobre el suelo de madera pequeñas torres que hay que esquivar con cuidado.

- En uno de sus libros usted utiliza la metáfora de que el historiador de hoy debe leer imágenes, ciudades, en general textos que no están escritos. ¿Qué papel tiene la intuición en esto?
-No creo que leer imágenes deba ser sólo intuitivo, así como tampoco creo que la lectura de un texto deba ser enteramente intuitiva. Tal vez la proporción de intuición varía en los dos casos, pero yo no haría una distinción muy precisa. Los historiadores muchas veces siguen la intuición, pero deben justificar las conclusiones a las que llegan por la intuición. El problema de la intuición es que no puede aprenderse ni enseñarse, al menos en términos tradicionales. Pero creo que se puede aprender a leer imágenes y ciudades, tal como se puede aprender a leer textos. Se trata de una metáfora abierta, porque puede usarse para decir que no debemos ser tan logocéntricos y tomar las imágenes en serio. El problema es que hablamos de una "lectura" y con ello usamos un lenguaje logocéntrico para restarle importancia al imperio de las palabras.

- ¿Pero qué posibilidad tiene el historiador de profundizar la memoria del resto de la comunidad en una época como la actual que parece estar más bien obsesionada con el futuro?
-Tengo la impresión de que a medida que la gente empieza a percibir una desconexión cada vez mayor con su pasado, en especial con las formas de vida cotidiana del pasado, se genera una reacción inversa, se genera un interés por la historia entre personas que buscan encontrar en ella algún tipo de contexto y orientación más coherentes que el que les ofrece el mundo actual. Aquí en Inglaterra, por ejemplo, la historia está pasando por un momento de auge en términos del interés del público. Y me consta que algo similar está ocurriendo en Francia y en otros países del continente. Hay muchas personas mayores de 50 años que se han convertido en lectores de historia porque están buscando reencontrase con el mundo que conocieron en su infancia: un mundo que el boom tecnológico de los últimos treinta años ha cambiado hasta volver irreconocible. De manera que no me parece que la voz del historiador en la comunidad esté condenada a morir en la irrelevancia y el aislamiento.

Segundo Punto. 2 A y 2 B

Redacte un texto en el que pueda establecer un nexo, de un párrafo, entre el siguiente texto y el concepto de Zeitgeist enunciado en la página 51 de la lectura de Peter Burke. Para la carpeta: Construya un modelo de la figura en alambre (dulce). Use una sola tira del material, no utilice uniones ó añadiduras. Tome dos fotografías de su modelo, una frontal y otra lateral. Puede usar como referencia la obra El Circo del escultor norteamericano Alexander Calder.

The Principles of Caricature

E.H. Gombrich with Ernst Kris) The Principles of Caricature, British Journal of Medical Psychology, Vol. 17, 1938, pp.319-42 [Trapp no.1938A.1] (http://www.gombrich.co.uk/showdoc.php?id=85)

IV
The questions arise, did people in former times not know abuse and derision in pictures? Were they content with displaying innocent comic types, without any intention of personal aggression? Certainly not. There has, perhaps, always been pictorial abuse. But to put it briefly, these abuses were not art. Not a single acknowledged aggressive work of art has come down to us from classical ages, and the one unskilled wall-scribbling which chance has preserved enlists our attention only as a document of a civilization—not as an example of pictorial art (Fig. 10).

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This has generally been described as the 'mock-crucifixus ' and is considered to be a very vulgar derision of Christ of the times of persecution. This interpretation is not wholly unchallenged, but it is clear that there is a gulf separating a scribbling like this from caricature. The crucified God which Alexamenos, the victim of the drawing, worships, has a donkey's head. We know that there have been gods with animal heads. Egyptian civilization, for example, had known them, deriving perhaps from Totemistic ages. And if such a god was considered by the Roman scribbler as funny, it only shared the fate of many creations of the human mind.[2] But leaving aside this single example, we know of a custom in the late Middle Ages and the days of the Renaissance which used pictures to defame and ridicule and degrade individuals. It was a widespread and striking means of adding shame and humiliation to the acts of penal law or of political hate. In Florence, for instance, the culprit was often painted on the town hall as hanging on the gallows, thus perpetuating his punishment. Sometimes, when the victim succeeded in escaping the hangman, the picture even served instead of the real punishment. We can call these pictures forerunners of caricatures. But forerunners only in a sociological sense, inasmuch as both may serve to attack the person's honour; for artistically they are far from being caricatures.